Querida familia encontrada:
Me piden que hable de retos y cuestionamientos, alegrías y tristezas, frustraciones y decepciones, ilusiones y esperanzas. Pues allá vamos:
Los sacerdotes tenemos una tendencia, algo así como que cojeamos por la derecha, a considerarnos más que los laicos: más entendidos (hemos estudiado muchos años), más comprometidos (nos dedicamos a tiempo completo), más sacrificados (hemos renunciado a una familia), más entregados... y para colmo los matrimonios nos alimentan el ego considerándonos más santos (porque estamos más cerca de las cosas sagradas). Llevo más de veinte años en esto, que significan muchas horas de f.d.s., reuniones de coordinación, de parejas de equipo, de viajes, de preparación y de realización de crecimientos y actividades. Algo que aprendí pronto, y he seguido confirmando, con las parejas de E. M. a mi lado es que la mayoría son más entregadas que yo, más comprometidas, con más pasión, amor, entusiasmo y dedicación que yo. Me he sentido cuestionado y tambaleado en mi tranquilidad cuando los veo tan pendientes uno del otro o de sus hijos, tan entregados en tiempo y esfuerzos al movimiento y a las parejas que siento se me pasaron de largo y camino a bastantes cuadras de distancia.